En el
silencio ventrílocuo
de mis
soledades acibaradas,
la voz
desterrada
de un dorado
cirio,
entre nubes
sonrojadas
de
arrebatador delirio,
en mi absorta
mirada
libera, de su
pasajero olvido,
una sonrisa a
la virulé,
bailando en
el calidoscopio
de una
ingrávida lágrima.
¡Chihuahua!
¡Que seductor
sortilegio! ,
el de esta
felicidad fusiforme
de nefelibata
bisoñez,
que sucumbe
en la filiforme
y noctámbula
basorexia,
de un cárdeno
horizonte,
que nos deja
en herencia,
de un
peculiar atardecer.
Y aquí estoy
ahora,
aliviando mi
embeleso
en renglones
que deshojan,
con sus
pétalos negros,
un rosario de
emociones,
que colorean
mis versos
de azules,
grises y ocres,
en un
tornasolado taheño
Aquelarres
del sur...
en los
calderos del norte,
ocasos
bermejos...
zahoríes de
un deseo azul,
que entre
grises jubones
colorean mis
sueños.
#OTOÑO
Eduardo J. Eguizábal Torre

