LA
VIEJA BARCA
Vivo...mientras yazco
inerte, en un sueño de recuerdos, que laceran mi mente, con el látigo del
aroma, que me acerca el aire gélido del olvido, abrasado por la calima de las
esperas muertas en deseo, con el ancla del tiempo, robando ilusiones a mi
espíritu marinero.
Mis brazos plegados y
sumisos, a la plomiza gravedad del abandono, inflados de nostalgia, desperezan
los recuerdos…las sirenas de la marea, con su melena blanca vienen a mi
encuentro, y yo de frente, a pecho descubierto, abro sus labios y en su
regazo deslizo mi cuerpo.
Me entrego a ti…mar en
calma, mar resuelto, a tus caricias, a tus recelos, a la bravura de tus
tormentas, a la parquedad de tus vientos, porque tu aroma, como las lapas en la
roca, está adherido a mi piel, y tu sabor
alimenta el latido de mi corazón, mientras el rumor de tus aguas, canta en mi
alma, historias de amor y desgracias, de veleros y barcos piratas, de tantas
tardes persiguiendo el ocaso, intentando alcanzar un horizonte lejano, al que
ahora ni siquiera alcanzo a ver, de tantas frías mañanas y otras con el sol
quemando la espalda, de las noches de tormenta, azontando los cuerpos… silbando
miedos en el alma, de esas hermosas noches, con la luna en tu cara, besando tus
sueños, de regresos al alba, de las miradas en puerto, de esperas y abrazos…
Me entrego a ti…ahora en
sueños, atrapado en lodo y algas, vivo de los recuerdos, de los niños que me
ven y sueñan con ser piratas, de las
miradas de viejos pescadores que aun echan de menos, a esta pobre y decrépita
vieja, que ahora les hace navegar en el mar del tiempo.
Esta pobre vieja… condenada
a su suerte, por los nuevos y versátiles tiempos, navega en sueños y varada en
tierra, canta con la marea…
mi corazón marinero,
de mar es mi alma,
dos brazos mis remos,
en la arena encallada,
muerta en recuerdos,
bajo una capa de algas,
amarrada a mis sueños,
navego en las aguas,
de las mareas sin tiempo.
Eduardo
J. Eguizábal Torre



