lunes, 22 de junio de 2015

SIENTO...

               SIENTO...



Tiempo callado,
que yo hablo silencios,
que vivo al ritmo de un corazón,
de balanceos alternos,
con el alma...
acariciando cada momento
y con pasión...
trato de dibujar sentimientos
y pongo el corazón,
llama de mi alquitara...
intentando destilar en cada verso,
el aroma y el sabor...
todo lo que siento.


                                      Eduardo J. Eguizábal Torre

EL DESVAN

EL DESVAN

Tarde de primavera, tarde de aguaceros con tormenta, aburrido por no poder salir a la calle, opto por subir al desván, para hacer un poco de limpieza.

Abro la puerta, y un hedor a tiempo varado, se abraza a mi cuerpo, podría darme la vuelta, pero en sus áureas manos, tiene garras de seda con uñas de recuerdos, cierro trás de mi la puerta y me acerco a la ventana de mis sueños,  cierro los ojos… y la magia de una luz recelosa, le da bocados a las sombras de mi corazón, el telescopio de mi alma, me acerca los sueños, lejanos en el tiempo, y el deseo asalta la memoria, y regresan los juegos, van tomando forma...

Vuelvo a conducir mi cadillac azul, voy quemando rueda, atrás dejo el sol, siguen mi estela las estrellas, con su tintineo azul.

Ya amanece en la trinchera, soy el soldado que mata los miedos,mi ametralladora tiene luces, para matar las esperas.

Soy el jefe de la estación, estoy dándole salida al tren, pita la locomotora, chirrían las ruedas sobre el riel, todo a su hora...El hombre, el niño, el sueño, la ilusión...

Y de repente, se rompe el hechizo, una voz inquisitiva, sobresalta los juegos, se difuminan sus formas, al tiempo que abro los ojos, las sombras se abrazan sobre la tibia y temblorosa luz de la luna, que besa el cristal de la ventana, ya se ha hecho la noche, se fue la tormenta.

Me levanto del baúl donde estaba sentado, salgo del desván y antes de cerrar la puerta, giro mi cabeza...y estoy ahí, en medio de la habitación, mis juegos por el suelo, esperando a la imaginación y sonrío, dentro de la armadura de hombre que vigila mis sueños de niño, mientras ladeo mi cabeza, con una mirada de picara complicidad.

Y bajo las escaleras del edén, con la sensación, de ser más liviano que el aire... más húmedo que el agua... más árido que el desierto... más ardiente que el sol... más  hermoso que la luna... más fugaz que una estrella...más niño que hombre…más yo.

                                               Eduardo J. Eguizábal Torre

V.