EL DESVAN
Tarde de primavera, tarde de aguaceros con
tormenta, aburrido por no poder salir a la calle, opto por subir al desván,
para hacer un poco de limpieza.
Abro la puerta, y un hedor a tiempo
varado, se abraza a mi cuerpo, podría darme la vuelta, pero en sus áureas
manos, tiene garras de seda con uñas de recuerdos, cierro trás de mi la puerta y me acerco a la ventana de mis sueños, cierro los ojos… y la magia
de una luz recelosa, le da bocados a las sombras de mi corazón, el telescopio
de mi alma, me acerca los sueños, lejanos en el tiempo, y el deseo asalta la
memoria, y regresan los juegos, van tomando forma...
Vuelvo a conducir mi cadillac azul,
voy quemando rueda, atrás dejo el sol, siguen mi estela las estrellas, con su
tintineo azul.
Ya amanece en la trinchera, soy el soldado
que mata los miedos,mi ametralladora tiene luces, para matar las esperas.
Soy el jefe de la estación, estoy dándole
salida al tren, pita la locomotora, chirrían las ruedas sobre el riel, todo a
su hora...El hombre, el niño, el sueño, la ilusión...
Y de repente, se rompe el hechizo, una voz
inquisitiva, sobresalta los juegos, se difuminan sus formas, al tiempo que abro
los ojos, las sombras se abrazan sobre la tibia y temblorosa luz de la luna,
que besa el cristal de la ventana, ya se ha hecho la noche, se fue la tormenta.
Me levanto del baúl donde estaba sentado, salgo del desván y antes de cerrar la puerta, giro mi cabeza...y estoy ahí,
en medio de la habitación, mis juegos por el suelo, esperando a la imaginación y sonrío, dentro de la armadura de hombre que vigila mis sueños de niño,
mientras ladeo mi cabeza, con una mirada de picara complicidad.
Y bajo las escaleras del edén, con la sensación,
de ser más liviano que el aire... más húmedo que el agua... más árido que el
desierto... más ardiente que el sol... más hermoso que la luna... más
fugaz que una estrella...más niño que hombre…más yo.
Eduardo J. Eguizábal Torre