NI CUENTO NI REALIDAD….UNA OPORTUNIDAD
Comienza este cuento, no con un érase
una vez, sino con: Sucedió hace ya algún tiempo, sucede y sucederá en un lugar
parecido a cualquier otro que os podías imaginar: vuestro pueblo, quizás una
ciudad o tal vez un pequeño lugar sin forma, sin determinar, un mero recuerdo
que a su antojo la memoria puede dibujar.
Lo que os voy a contar, no es un cuento
de aventuras, ni de miedo ni de Navidad, es o pretende ser, un sencillo cuento sobre la
amistad.
Como no deseo a nadie molestar, en este
pequeño relato, a los personajes que van a desfilar, ni forma ni cara, ni
siquiera nombre propio les voy a dar, que sea la imaginación de cada lector
quien les de identidad.
Pues bien, aquí comienza esta historia
tan particular:
Bajo la tenue luz de la Luna, al abrazo
de una blanquecina y suave bruma, nos encontramos a nuestro personaje: Corazón.
Corazón camina cabizbajo, meditabundo,
pasea su tristeza, acompasada por el intermitente sollozo y los recuerdos que
vienen a su memoria golpeando con fuerza, clavándose como aguijones punzantes;
llegan rápidos, dolorosos, incansables, como relámpagos que deslumbran la razón
y cuando se van, parecen dejar la calma a su paso, pero tras sus huellas, llega
el atronador canon de la realidad, la consciencia de los errores, de no haber
actuado a tiempo, de no escuchar los consejos, de no pararse a medir las
consecuencias de sus actos.
Corazón continúa caminando, pensando el
porqué, intentando embarcar los recuerdos en el barco del olvido, pero naufraga
una y otra vez y la marea, incansable le devuelve de nuevo los restos a la
orilla: errores, palabras a destiempo y fuera de tono y de lugar, malos modos,
gritos, contestaciones …….., sabía todo
aquello que en su rebelde e irreflexiva adolescencia, recorría cualquier parte
de su cuerpo, como un río plácido que con la crecida de las lluvias, se
desborda, impulsivo y bravo arrasando todo a su paso. Entre los restos del
naufragio siempre llega alguna cara amable de la vida, esas pequeñas cosas que
con sólo rozarlas dejan una placidez y una sensación de felicidad, que aunque
efímera llena de luz y color las sombras de los malos momentos. En estas
cábalas seguía caminando, bajo la luna, cuando oyó una voz que parecía venir de
dentro de sí mismo, a la vez que de todo lo que le rodeaba.
-
Corazón ¿Qué te sucede? ¿Por qué esa
pena, ese dolor? ¿Por qué esa angustia?
Corazón ni siquiera acertó a
preguntarse quién había detrás de esa voz, la conocía, no sabía ni cómo ni por
qué, pero esa voz ya la había oído, más bien sentido otras veces, tiempo atrás,
aunque quizás nunca con tanta claridad. Tal vez la necesidad de sacar lo que
llevaba dentro, lo que atormentaba, hizo que contestase.
-
Pago mis errores, mis fallos.
-
¿Qué errores?
-
Todo, he fallado a mis padres, a mis
amigos, no he sabido apreciar todo lo que la vida me ofrecía.
-
¿Estás seguro de lo que dices? Algo
bueno habrá que hayas hecho.
-
Quizás, pero no consigo que supere la
tristeza que ahora siento por todo lo que hice.
-
Cuéntame, dime todo aquello que te
aflige, ¿Tan malo es? ¿Por qué te castigas así?
-
Es lo que merezco. Verás, - dijo
Corazón hace ya algún tiempo- siendo
niño conocí a alguien muy especial: Alma.
-
¿Quién es Alma?
-
Alma vivía al lado de mi casa, era mi
vecina, nada más conocernos, congeniarnos, fuimos durante mucho tiempo
inseparables, tan solo nos bastaba estar los dos juntos, no necesitábamos a
nadie más, o eso creíamos. Fuimos juntos al colegio y con el paso del tiempo
hicimos nuevos amigos. Conocimos a Tierra, Agua y Aire, congeniamos bastante bien,
hicimos un pequeño grupo, con nuestras pequeñas diferencias y rabietas a veces,
pero muy unidos. A Corazón se le escapó un pequeño suspiro.
-
¿Por qué suspiras?
-
Bueno, es que duele recordar, la
nostalgia, a veces no es buena compañera.
-
¿Por qué? ¿Qué sucede?
-
Verás, la verdad es que ahora me doy
cuenta de lo estúpido que he sido todo este tiempo.
-
¿Y eso?
-
Al ir creciendo, cuando llegamos a la
adolescencia, cambiamos y nuestras pequeñas diferencias se fueron, en algunos
casos, haciendo mayores y yo, la verdad, no supe reaccionar a tiempo.
-
¿Os separasteis?
-
¡No! ¡Qué va! Bueno, no sé cómo
explicarlo, yo me fui alejando poco a poco de quien siempre había estado a mi
lado.
-
¿Alma?
-
Por supuesto, mi fiel Alma. Ahora me
doy cuenta de su indiscutible y leal apoyo, de sus consejos, de sus, a veces,
desesperantes reflexiones, aunque la mayoría de las veces tuviese razón: como
la que tenían mis padres.
-
¿Tus padres? ¿En qué tenían razón?
-
Prácticamente en todo, pero sobre
manera, cuando me decían: Todo el mundo tiene que tener amigos, pero hay que
valorar las ideas y las consecuencias que pueden derivar de las acciones, que
sin pensar, muchas veces llevamos a cabo con el exultante e irracional poder
que nos da la juventud. “Todos hemos sido jóvenes y por eso te lo decimos”.
-
¿Y qué pasó?
-
Pues como te decía, me fui alejando de
Alma, cada vez estaba más tiempo con Tierra, Aire y Agua. Siempre que me
necesitaban yo iba, les ayudaba a estudiar, a hacer trabajos y aunque yo
estuviese haciendo algo importante, si me llamaban para salir por ahí, me iba
con ellos.
-
¿Y nadie te decía nada?
-
Claro, mis padres y sobre todo Alma.
-
Corazón, no te das cuenta de que
utilizan un poco: Tierra solo aparece cuando necesita algo, y Agua y Aire solo
les preocupa salir, la moda y de lo que tienen y piensan tener.
-
¡Eres una envidiosa! lo que pasa es que
piensas demasiado las cosas, pero en el fondo te encanta todo lo que hacen, lo
que tienen y como son.
-
Claro que me gusta, pero yo sé lo que
puedo y no puedo tener o hacer y lo valoro, sobre todo, porque sé el trabajo
que les cuesta a nuestros padres darnos todas esas cosas.
-
Eres una pesada, y te diré más, tú no
soportas que esté más tiempo con ellos que contigo, ellos son más divertidos
que tú, además, que esté más tiempo con ellos que contigo, ellos son más
divertidos que tú, además llevan mejores ropas que tú.
-
Pero Corazón, no te das cuenta que la
amistad no trae un catálogo de ropa, solo trae apoyo, compañía lealtad,
consejos….
-
Vete, le interrumpí, déjame en paz de
una vez, no quiero verte más.
-
¿Se marchó?
-
Sí, se fue.
-
¿Qué fue de tus otros amigos?
-
Bueno, la verdad, están ahí, pero no me
siento lleno, me falta algo: salgo, voy con ellos, aunque apenas me llaman.
-
Y eso ¿por qué?
-
Verás, Alma no volvió, yo seguí
saliendo con ellos, abandoné cada vez más mis quehaceres, siempre haciendo
oídos sordos a mis padres: criticando todo lo que me decían y pidiendo todo el
día de todo: que si Tierra tiene esto, que si Aire lo otro, que vaya unos
padres que tengo, que necesito un pantalón de la misma marca que el de Aire…….
Y así día tras día, quebrando la confianza y la fe de los que realmente me
querían y despreciaban, hasta que sucedió lo inevitable, todo se fue al garete,
mi mundo de ensueño se hundió: suspendí, perdí la confianza de mis padres.
Tierra, Aire y Agua continuaron su vida, cada vez me llaman menos, y lo peor:
no tengo a Alma, la echo de menos, ¿qué habrá sido de ella todo este tiempo?
-
¿Qué tiempo? ¿Aún no te has dado cuenta
de que todo esto es un SUEÑO?
-
¡Cómo que es un SUEÑO! Pero….. entonces
¿los suspensos? ¿mis padres? ¿mis amigos? ¿Alma?.....Y tú, ¿Quién eres tú?
-
La que siempre está ahí, aunque a veces
a mi poco recurrís, soy la voz de tu CONCIENCIA. Formo parte de tu vida, al
igual que forman parte de tu vida los amigos y tu familia, como también, los
errores, ellos son el culpable de despertarme como también son necesarios para
tropezar y darnos cuenta de lo que hemos hecho y poder rectificar y encauzar
nuestras vidas a tiempo, pero siempre, poniendo voluntad. La luz que comenzaba
a entrar entre los huecos de la persiana de la habitación de Corazón le
hicieron despertar del sueño, aunque en su cabeza todavía resonaba la voz de su
CONCIENCIA: “Ahí te dejo la oportunidad, no la desaproveches, quizás no la
tengas más”.
- - Sonó el timbre de la puerta, miró el
reloj despertador que había en su mesita: marcaba las 7:50 a.m. pensó: ¿quién
será a estas horas?
-
-¡Corazón! Dijo mi madre, Alma está
aquí, sube para tu habitación.
Alma
entró en la habitación y se encontró llorando a su amigo.
-
¿Qué te pasa Corazón?
-
Pensé que te había perdido, se levantó,
la abrazó y le dijo apretándola contra su pecho fuertemente: ¡Cuánto te he
echado de menos!
-
¡Serás exagerado! Si no hace ni diez
horas que nos hemos visto.
-
Y ¿Cómo me puedes perdonar todo lo que
te he hecho y dicho?
-
¡Hombre! Después del disgusto por el
suspenso tampoco me extraña mucho, aunque no dirás que no te avisé un montón de
veces. Venga, vístete y vamos a repasar ese examen de recuperación, que todavía
nos quedan dos horas para el cole.
-
¿Por qué has madrugado tanto? ¿No
tienes nada que hacer? ¿No te apetecía dormir un rato más?
-
¡Vamos a ver! Aquí quien tiene que
recuperar el tiempo perdido y los
exámenes eres tú ¿no?, y quién sino te va a ayudar.
Bueno,
este cuento o esta pequeña historia va llegando a su final, os podría contar
algo más sobre Alma, pero creo que no es necesario, la esencia de Alma es:
AMISTAD.
Corazón
se levantó y se dirigió hacia el baño, se miró en el espejo y detrás de sí
quiso entrever un rostro sin definir, como una presencia a su alrededor, cerró
los ojos y dijo para su interior, “gracias por hacerme soñar, gracias por esta
oportunidad”.
Eduardo
J. Eguizábal Torre