viernes, 9 de enero de 2015

Rehén

Rehén


Rehén sumiso del que dirán,
víctima de mis propios miedos,
he perdido la mitad de mi vida,
soportando la capa de inmunda gloria,
cortesía ruin con la que mis carceleros
camuflaban mi día a día,
disfrazando la verdad y atando mis sueños.

Mascaras de sonrisas en el cielo,
cuna de impotentes lágrimas el suelo,
devuelven las paredes el ahogado eco,
de los rebeldes y estériles gritos del preso.

Dejo hoy atrás, la  jaula de oro,
honrado embuste lleno de brillo,
barrotes de dorado humo,
cadenas de plateado hielo,
mágica fantasía del dorado presidio,
camuflajes de pesado plomo.

Ya por fin se ha roto mi celda de cristal
estalla, vacía de todo, llena de nada;
quiebro los barrotes de oro impío,
dejo atrás  cadenas de falsa plata,
sacudo de mis alas el plomo, y a volar.

Como la venganza no va de la mano conmigo,
a los fariseos guardianes de mi encierro,
en mi alma y mi corazón solo un deseo,
túnica de plomo a su recuerdo pongo abrigo,
ancla de oro , cadena de plata y, al mar del olvido.





                                                                       Eduardo J. Eguizábal Torre

V.