viernes, 20 de junio de 2014

PREÑADA DE DÍA ESTA LA NOCHE

PREÑADA  DE DÍA ESTA LA NOCHE


Es el alba en ciernes,
la comadrona que dulcemente,
a la impaciente noche  gestante ,
con premura y tesón atiende.

Del plácido oscuro  vientre de su madre,
con un vigoroso llanto de luz nace,
es el Sol su ardiente padre,
su madre, Luna exultante.

Para su cuna jergón de nubes,
para sus sentidos un  carrusel de colores,
trinos, formas y  aromas,  sabores
que de su vida serán las ubres.

Ya el niño está haciéndose  hombre,
encumbrado en el cielo, se ofrece
de la tierra ser el fiel garante,
hasta que le llegue su muerte.

Alcanzado ahora su atardecer,
atisba en el índigo cielo,
una  figura difuminada,
su tez de plateado velo,

Ruboriza su faz dorada,
al observarse en su lividez,
y pregunta por doquier,
el nombre de su amada.

Ya es evidente su amor,
el uno del otro va en pos,
yo soy quien más os ama, Sol,
Luna, soy yo quien más so quiere a vos.

Bajo una luz mortecina,
El pierde la vida,
Luna llora la despedida,
el Sol, con  pícara sonrisa.

Canta la Luna  afligida,
adiós Sol mi amor,
adiós mi luz y calor,
lucero de  mi vida.


Se oye de fondo, con alegre sollozo,
al Sol cantar con gozo.
Ahí te quedas Luna mía,
de mis noches hermosa vigía.
Ahí te quedas Luna mía,
en tu vientre llevas un nuevo día.

                                                    Eduardo J. Eguizábal Torre

V.