viernes, 6 de junio de 2014

Para........



DEL ORTO AL OCASO

DEL ORTO AL OCASO

Una mañana de niebla, como otras muchas, fresca, con una tozuda bruma blanca, de esas que el alba empuja con su tibia y tenue luz, pero que apenas es suficiente para aclarar y deshacer esta neblina tan tenaz como opaca. Y de repente, sin aviso ni tregua, una brillante espada amarilla, sesga de un tajo, el espeso manto blanco que cubre el valle; el amanecer joven y fresco, va adquiriendo color y calor; de nuevo como cada día, Lorenzo se despierta, se despereza, y , asomando sus cabellos rubios por detrás de Guardamino, extiende sus brazos, aferrándose al Pico San Vicente,  como si quisiera coger el ultimo impulso, para emerger  por completo y mostrarnos todo su esplendor y fuerza;  de soslayo, ha dejado su huella en las peñas de El Moro y Lombera; y, sigue su camino, ávido y hambriento de hermosura, como el pintor ante su lienzo vacío y blanco.

Hace ya algún rato, que he dejado de escuchar, la algarabía de trinos y cantos de los pájaros, (que ocultos por la niebla, adivino  escondidos en los arboles y matorrales), que me estaban anunciando tan solo hace un momento el amanecer, que en estos instantes disfruto; y, no es porque hallan callado, sino porque abstraído en el tropel de luz y color que ante mis ojos se ofrece,  es como si mis oídos cerraran sus puertas, para así contemplar mejor, el juego de luces y sombras, que mis ojos observan absortos ante el esplendor con que la naturaleza nos obsequia.
Pero solo ha sido un infinito y maravilloso instante, que el devenir alocado de unos pequeños gorriones, al pasar frente a mis obnubilados ojos , me ha devuelto a la realidad, a la amalgama de colores, luz y sonidos, que  acrecientan, aun mas si cabe, la belleza de nuestro hermoso valle.

Ya en su apogeo, en toda su plenitud, abrazando con todo su poder, lo que sus enérgicos y amplios brazos abarcan, y,  sin ni siquiera una mísera nubecilla, que mitigue su ardiente beso; desparrama su magia de vida y color. Sus mechones dorados, se posan sobre las cristalinas aguas del Asón y el Gándara, bailando al ritmo de su corriente, en una simbiosis de luces y color, manto irisado entre el verde de los prados y arboles que surcan a su paso, acariciando  a nuestro pueblo, y, acunándolo en el regazo que dejan al unirse, para ya juntos y como rio Asón, continúen su camino hasta desembocar en el mar Cantábrico. Aun recuerdo su color, de un frío verde-azulado al amanecer,  que ahora nos brinda su cristalino manto, plagado de miles destellos tornasolados Nuestros dos ríos, nuestra riqueza, las arterias, que junto con su hermano el Calera, dan vida a nuestro valle. Ya dejaron atrás sus bellas cuencas, abiertas, cerradas, suaves, agrestes, sombrías, pues hay requiebros donde ni siquiera pueden llegar los más finos dedos de Lorenzo.
Se ha soltado su melena rubia, cabellos sueltos, mecidos ahora por una suave brisa del sur, que esta mudando a viento; súbitamente, bocanada infernal, sofoco, busco raudo un cobijo, una de las muchas sombras, que proyecta la ingente floresta, hermosas hayas, antiguos castaños, nobles encinas y robles, punzantes acebos, retorcidos albortos, y, otra serie de jóvenes árboles, como fresnos, carrascos, agracios, nogales y distintos frutales, que pueblan nuestro valle. Una umbría, un refugio donde resguardarme del viento y la canícula asfixiante,  para poder  seguir admirando  el tracto del tiempo y el final del cuadro.

Ya se aferra con sus últimos haces a la sierra, ya se cierne sobre Ancillo, la sombra que provoca al precipitarse tras las peñas, ya va llegando a la peña Rocías; ya demuestra su pena, su enfado, ya no calienta tanto; su color, dorado y vigoroso antaño, rojizo y cansado se va tornando.

Ya se va Lorenzo, se va sangrando,
Deja en las nubes sus últimos dedos trabados.
Ya se va Lorenzo, se va llorando,
Ahí te quedas Ramales,
Ya te traeré mañana otro día dorado.
Ahí te quedas luna lunera,
Cubre con tu manto plateado,
Toda su hermosura y grandeza.
Luna lunera, a tu cargo dejo mi querida tierra,
Luna lunera, acúnamela hasta que vuelva,
Que nadie hostigue su sueño, 
que en tu regazo descanse mi valle,
Mi tierra, mi pueblo, Ramales.

                                                                EDUARDO J. EGUIZABAL TORRE

V.