domingo, 19 de octubre de 2014

EL VERBO PERDIDO

EL VERBO PERDIDO


Ahora que las aguas de mi vida cursan serenas,
valorando a su remansado paso, cada trance vital,
dando sentido a cada momento y experiencia;
ahora que mi corazón necesita del verbo locuaz,
a mis recuerdos de juventud abro puertas,
buscando una razón para mi perentorio mal.

Tan solo hayo el irreverente  arroyo,
impetuoso y rebelde torrente primaveral,
que, cual  insaciable cachorro se desteta,
obviando consejos, enseñanzas y seguridad,
hambriento de aventuras en el mundo que a sus ojos se asoma;
surcando atolondrado muros y fronteras,
abrazado a la honesta mentira desleal,
que llena de brillo el horizonte, ocultando la belleza
de la ribera, desdeñando el nítido lecho de la realidad.

Es ahora cuando recapacito y espero;
que en el desierto de mi ignorancia,
donde vagan mis sentimientos huérfanos de palabras,
añorando el generoso verbo perdido,
que mi inconsciencia y la pereza
tapizaron con las arenas del olvido;
halle la ruta del arrinconado oasis, que en sus entrañas
 salvaguarda las profusas y mágicas aguas,
que necesito para saciar la acuciante sed de mi  alma.

                                                                     Eduardo J. Eguizábal Torre

domingo, 5 de octubre de 2014

RAMALES DE LA VICTORIA CORAZON PAISAJE E HISTORIA - IV

RAMALES DE LA VICTORIA CORAZON PAISAJE E HISTORIA - IV

Comienzan nuestros pasos a franquear
esta calzada de empedrado desigual y rudo,
restos del antiguo camino real,

itinerario primigenio entre Laredo y Burgos,
que a Castilla otorgara puerta a la mar.

Cabe destacar, la huella que en su camino
hacia el monasterio de Yuste, su retiro real,
dejase para la historia el emperador Carlos V
escoltado por todo su sequito imperial.

Despojémonos de los ecos del pasado,
para poder apreciar en todo su apogeo,
con cada tranco que damos por el sendero,
el paisaje que la naturaleza nos va brindando.

Bordeando a la izquierda el monte del Pando
que obsequiara  nuestra retina con un vistoso cuadro,
profuso encinar, que en sus entrañas alberga madroños,
agracejos y algún que otro retorcido alborto.

Seguiremos ascendiendo por la agreste vereda,
observando a la derecha unas recientes viviendas,
que con su llamativo y dispar colorido se entreveran,
entre las encinas, prados y rocas de la ladera.

Pasaremos una zona un poco abrupta,
Donde las rocas con más profusión afloran,
Dispersas piedras que nuestra marcha aflojan,
Anecdótico óbice en nuestra ruta.

Ahora nos hallamos en una explanada,
a la izquierda una escalera de piedra,
que a la cueva de la Haza nos da acceso,
hallaremos una puerta metálica, salvaguarda
de las pinturas rupestres que en ella se conservan,
vestigio del pasado que debemos mantener ileso.

A nuestra derecha adorna el desfiladero,
la ahora seca caída del rio Calera,
que llegado el frio y acuoso invierno,
desmelena su frondosa cabellera,
en un vertiginoso salto perecedero,
que deja en la memoria, la huella de su belleza.

Antes del centro de interpretación
de las cuevas de Covalanas
dejaremos a la derecha un mirador,
atalaya de hermosa panorámica.

 Perdonadme que dejemos para otra ocasión,
Una visita mejor y más detallada,
con cariño, esmero y dilación,
a la cueva de el Mirón y Covalanas.

Una vez terminada nuestra ascensión,
tomaremos el pequeño sendero,
que a la derecha del camino de Covalanas y el Mirón,
entre encinas y  avellanos, tras un leve descenso,
admirados quedaran nuestros ojos y corazón
bajo Cuevamur y la espectacular pared del eco.

Una vez cruzado el prado y siguiendo el curso del rio,
llegaremos a una cerca de madera,
a esta altura ya muestra el rio Calera,
tras perder la vida en un sumidero, su derrotero vacío,
vergüenza de piedras y tierra seca,
síntomas del duro e irreverente estío.
 
Una vez atravesada la cerca
continuaremos nuestra marcha,
hasta alcanzar un grupo de casas
que conforman una barriada.

La Pared es el nombre del barrio,
por otros conocido como <Los Bellanos>.




                                                           Eduardo J. Eguizábal Torre

V.