De como los cuervos
se posan en mi hombrome roban el silencio…
se llevan mis ojos.
Y vuelven… a graznar en mis oídos,
y me arrancan los recuerdos,
con la insidia de su pico…
y con sus garras… mis sueños
Ya solo quedan mis manos
atadas de esperanza,
y mis pies descalzos
caminando entre zarzas.
El corazón colgado…
el alma ahogada…
mudo el llanto…
de arena las lágrimas…
El dolor se balancea…
abrazado al alma,
el corazón cierra la puerta
y muere en desgana.
Y lo peor de todo,
no es la soga en el cuello…
ni siquiera la rama,
ni la tristeza del árbol,
lo peor es quien te ha atado
quien te puso la banqueta
para darle una patada
mientras sujeta la cuerda
y ahorca tus sueños.
Eduardo J. Eguizábal Torre