lunes, 18 de mayo de 2015

CUENTO TRISTE…MI CUENTO… OS CUENTO…

                             
                           CUENTO TRISTE…MI CUENTO… OS CUENTO…

Porque también el corazón,
late con silencios,
y las almas sin ilusión,
en la fantasía de los cuentos,
buscan esperanza y pasión.

Por eso, desde mis silencios,
cuento triste…mi cuento… os cuento…
como empiezan casi todos los cuentos,
quizás sea un poco raro… si fuese así lo siento.

Erase una vez…
un castillo sin princesa,
sus murallas tenían la tez,
de un payaso entre rejas.

De sus tristes ventanas,
oscuras y sin estrellas,
manaba su vida en lágrimas,
por encontrar una princesa.

En sus peladas almenas,
sobre las calvas del tiempo,
penachos blancos, adornan su testa,
son muchos inviernos,
bajo el sol y las estrellas.

En sus entrañas, todo pasión,
en las afueras,
un cobarde corazón,
con el miedo por frontera.

Apoyado en el alfeizar,
ve como se acerca la ilusión,
la esperanza deshace su maleta,
late de nuevo, brioso el corazón.

Limpia bien sus ventanas,
por si acaso fuese un sueño,
borra la estela de lágrimas,
rejas que su corazón preso,
dibuja en las murallas.

Es su princesa, el hada
que regresa los recuerdos,
es el amor su llave…
varita mágica,
del baúl de los deseos.
 
Con una sola de sus miradas,
aviva mil y un destellos,
dormidos en su ventana,
hastiados de soledad y tiempo.

Sus manos de seda,
acarician con los dedos,
las tristes almenas,
heridas por el tiempo.

Penachos de plata brillante,
sin reflejos de invierno,
alma y corazón de acero,
murallas de diamante.
ahora es de oro, su semblante.

Aletea su voz en las entrañas,
y en las afueras se hace viento,
el corazón sin fronteras,
ha doblegado el miedo.

Ahora que sonríe el payaso,
ahora que todo brilla y reluce,
todos buscan el castillo encantado,
su calor y color, ese sabor…tan dulce.

Donde estabais las damas,
donde los aguerridos caballeros,
cuando penaba mi alma,
presa de soledad y silencio.

 
Ahora es vuestro interés,
Ofrendarnos vuestra vida,
Vigilad esa insensatez,
Mi indiferencia, ya pisa vuestra insidia

Ahora os enseño mi castillo,
sus murallas de oro y plata,
dentro, la princesa y mis amigos,
a vuestros pies, foso de hielo y llamas,
hasta aquí llega vuestro camino,
para vosotros, el cuento aquí se acaba,

frotaros los ojos, ¡estoy vivo!...
os sonríe mi mirada…
tras el puente levadizo...

No busquéis el camino,
no hay laberinto ni secreto,
nunca hallaréis el castillo,
de este vidrioso cuento,
no está en ningún libro...
es tan solo el reflejo,
de los versos que escribo,
nacidos de un silencio…
delante del espejo.


                                                                                                                                                                                   Eduardo J. Eguizábal Torre




V.