Desde la
osada cojera de mi lengua y con la atrevida insensatez de mi corazón, voy a
intentar articular un verbo que, no tiene tiempos…pero si tiempo…que no tiene
voz, pero habla susurrando silencios….
CONJUGANDO NOSTALGIA
Nostalgia.
Ese verbo inexistente,
sin inflexión,
que la memoria conjuga,
y declama el corazón,
en recuerdo pasado,
sentido presente
y futuro ansiado.
Nostalgia.
Ese verbo durmiente,
emotivo y profano,
tan dulce e irreverente,
que seduce al corazón,
y acuna el alma
entre sus manos
Nostalgia.
Esa voz ahogada,
de susurro melancólico,
triste aire de balada
que bailan los ojos,
en los balcones del alma.
Nostalgia.
Esa mirada inquieta,
que, en taciturno destello,
explora la memoria,
buscando ese recuerdo,
que el corazón deshoja
entre emociones y sueños
que el alma anega.
Nostalgia.
Ese sutil tacto,
que eriza la piel
con solo rozar ese recuerdo,
y principia el cosquilleo,
que muda en tormenta,
estremeciendo, al tiempo
en delicado y fugaz lapso,
alma, corazón y cuerpo.
Nostalgia.
Ese sabor intenso,
grabado en la memoria;
tatuaje de hielo,
agazapado en la boca,
espera de los labios el fuego
que el beso provoca.
Nostalgia.
Ese aroma puro,
recuerdo adormecido,
que abre la cortina de los
sentidos,
cuando el aire trae su efluvio,
entre tantos olores vivos.
Nostalgia.
Esa vibrante nota
que perciben los oídos,
ecos sonoros que, del olvido,
rescata la memoria;
melodías, canciones,
sonidos y emociones,
que palpitan en la boca.
Nostalgia.
Verbo sin inflexión,
voz, miradas,
tacto, sabor,
aromas y ecos
que conjugan el alma
y el corazón.