“EL VERDUGO DEL SUEÑO”
Y la luz entraba en mi vida, como cada mañana, de puntillas... silbando melodías de fuego y calor, con el mismo vértigo que huyen, las heladas sombras de la noche, y sus acordes, en mi cabeza... ecos de una monótona caja de ritmos, susurran los pasos de la tormenta que se aproxima.
Acompasadas, las sombras se balancean con la sonora candela, mientras
lentamente mudan su traje oscuro, vestido de sueños, en túnica de cristalino
empeño...cansino arpegio, cadencia de espinas de hielo seco, desgarran los
harapos de la noche, y desnudan los sueños.
Paso a paso, de sombra a penumbra, perece el sueño en alborada,
y...estridencia atronadora, sobresalto, aria en crescendo...el sueño huye sin
hacer la maleta...abro los ojos de búho azorado...una llamarada intensa inunda
la consciencia, apresurado busco el paraguas para este aguacero infernal, que
resuena en mi cabeza y ensordece la razón,
en un acto reflejo, sigo la estela del trueno, y descubro en el ojo del
huracán que azota mi corazón, al acólito endiablado del tiempo, como un rayo,
la rama izquierda de mi tronco, se posa sobre el sonajero diabólico, acallando
de golpe sus fogonazos.
Arrebatado el sosiego, poco a poco, regresa la razón y la consciencia del
momento, y con la luz del amanecer, pienso...
“A tiempo... sin tiempo ...para despedirme de mis sueños,”
Solo queda sueño y vagos recuerdos, y un nuevo día, que despereza los
sueños, con pinturas de guerra, la batalla espera, el tiempo apremia.
Y pienso...
yo no lo quiero,
no deseo ese tesoro...
quiero tiempo de sueños,
tiempo de relojes cojos...
sin color ni precio.
Eduardo J. Eguizábal Torre





















