domingo, 19 de octubre de 2014

EL VERBO PERDIDO

EL VERBO PERDIDO


Ahora que las aguas de mi vida cursan serenas,
valorando a su remansado paso, cada trance vital,
dando sentido a cada momento y experiencia;
ahora que mi corazón necesita del verbo locuaz,
a mis recuerdos de juventud abro puertas,
buscando una razón para mi perentorio mal.

Tan solo hayo el irreverente  arroyo,
impetuoso y rebelde torrente primaveral,
que, cual  insaciable cachorro se desteta,
obviando consejos, enseñanzas y seguridad,
hambriento de aventuras en el mundo que a sus ojos se asoma;
surcando atolondrado muros y fronteras,
abrazado a la honesta mentira desleal,
que llena de brillo el horizonte, ocultando la belleza
de la ribera, desdeñando el nítido lecho de la realidad.

Es ahora cuando recapacito y espero;
que en el desierto de mi ignorancia,
donde vagan mis sentimientos huérfanos de palabras,
añorando el generoso verbo perdido,
que mi inconsciencia y la pereza
tapizaron con las arenas del olvido;
halle la ruta del arrinconado oasis, que en sus entrañas
 salvaguarda las profusas y mágicas aguas,
que necesito para saciar la acuciante sed de mi  alma.

                                                                     Eduardo J. Eguizábal Torre

V.