EL VERBO
PERDIDO
Ahora que las aguas de mi vida
cursan serenas,
valorando a su remansado paso,
cada trance vital,
dando sentido a cada momento y experiencia;
ahora que mi corazón necesita del
verbo locuaz,
buscando una razón para mi perentorio
mal.
Tan solo hayo el irreverente arroyo,
impetuoso y rebelde torrente
primaveral,
que, cual insaciable cachorro se desteta,
obviando consejos, enseñanzas y
seguridad,
hambriento de aventuras en el
mundo que a sus ojos se asoma;
surcando atolondrado muros y
fronteras,
abrazado a la honesta mentira
desleal,
que llena de brillo el horizonte,
ocultando la belleza
de la ribera, desdeñando el nítido
lecho de la realidad.
Es ahora cuando recapacito y
espero;
donde vagan mis sentimientos
huérfanos de palabras,
añorando el generoso verbo
perdido,
que mi inconsciencia y la pereza
tapizaron con las arenas del
olvido;
halle la ruta del arrinconado oasis,
que en sus entrañas
salvaguarda las profusas y mágicas aguas,
que necesito para saciar la
acuciante sed de mi alma.
Eduardo J. Eguizábal Torre

