EQUILIBRIO
Intento guardar el equilibrio entre la
razón y la inconsciencia,
como una pluma liviana busca tan
pronto el suelo como el cielo,
flotando sin sentido, mecido por los mutantes
vientos,
que mi corazón exhala herido por tu
indiferencia.
Trás el cruel hachazo, mi esperanza apocada
se esfuma
como la savia del árbol, que por la
herida rezuma indolente,
dejando tras de si el agrio estigma, que en su
penitente peregrinar,
del dolor hace bandera de amor adyacente,
disfrazando la derrota con febriles y necias
excusas.
De la mano de la soledad camino al
borde de la locura,
rastreando con vehemencia el
horizonte del pasado,
buscando una respuesta
a la herida que desangra mi presente,
hayo la esperanza y el futuro en los
amigos, fieles aliados,
que me brindan su apoyo y compañía
permanente,
anudando mi vida con la soga de la
cordura.
Gracias a ellos, destierro el fantasma
de tu ausencia,
suturando la sangrante cicatriz que
dejaste en mi vida,
con el afable hilo de su franca y
perseverante amistad,
taponando con la venda del olvido, la
amarga herida,
borrando cualquier vestigio
de tu presencia.
Eduardo J. Eguizábal Torre
Eduardo
J. Eguizábal Torre
EQUILIBRIO...
Intento guardar el equilibrio,
entre la razón y la inconsciencia,
como una pluma liviana,
entre el suelo y el cielo,
flotando sin sentido,
mecida por los mutantes vientos,
que el corazón exhala,
herido en abandono...e indiferencia.
Tras el cruel hachazo,
mi esperanza se esfuma
como la savia del árbol,
que por la herida rezuma
en indolente...
y agrío estigma
que en penitente dolor
de su alma peregrina
hace bandera de amor...
adyacente,
disfrazando la derrota,
en una eterna pregunta,
de estériles horas...
y necias excusas.
De la mano de la soledad...
camino al borde de la locura,
rastreando con vehemencia,
el horizonte del pasado,
buscando en la ansiedad...
esa acróbata respuesta,
a la pregunta que tortura...
mi presente,
mientras, al otro lado
de la soga deshilachada...
de mi cordura
hayo un nudo de esperanza,
en ese eco fiel y persistente...
que anuda mi vida,
con el recio latido,
de la leal compañía,
que me brindan amigos.
Gracias a ellos, destierro
el fantasma de tu ausencia,
suturando mi vida,
con el afable hilo
de su perseverante amistad,
taponando con la venda del olvido,
la amarga herida,
para borrar cualquier vestigio
de tu amarga presencia.
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