sábado, 20 de septiembre de 2014

ESPIRAL DE COBARDIA



ESPIRAL DE COBARDIA



Cuando las sombras de la noche
derrotan a mi consciencia,
ya vencido me entrego al sueño,
y en el decrepito barco de mi vida, navego
tras la estela que me dejo tu ausencia.
Tu recuerdo traza el rumbo en mi bitácora,
el mástil de la nostalgia, iza mis velas
henchidas  con la esperanza,
de hallar en este mar de melancolía
la ensenada del amor, que tanto celas.

Surco leguas y más leguas,
en este infinito  duermevela,
que cada noche acompaña mis sueños;
de nada me sirve  ser  el armador y dueño,
pues mi nave a su antojo gobierna.

Sigo a la deriva, entre los restos
del naufragio de la noche anterior,
flotantes y sonoros ecos,
triste melodía,  que a su paso  deja
el tajamar de mi  amor.

 Impávido oteo el horizonte,
de pie, sobre el palo de proa,
asido firmemente  a la jarcia del foque,
de cara el frío viento del norte,
el mordaz  pasado queda a popa
Adalid del aciago lastre 
que fustiga mi memoria.
Allende diviso una espesa bruma,
pronta ha de estar la costa,
en el gélido y tupido velo,
mi nave se adentra con recelo.

Ya percibo el romper de las olas,
el alocado graznar de las gaviotas,
los  destellos de las luces de bocana,
ya mi barco fondea en tu ensenada

En el espigón del muelle, se recorta tu figura
bajo la parpadeante luz de un fanal,
tiemblan tus hermosas curvas,
como la luna en el espejo del mar.

 Pero hasta aquí llega mi valentía,
corsario de bravas palabras,
que en vez de abordar tu alma,
se bate en franca retirada,
blandiendo  amargo sable de cobardía.

Brabucón bucanero,
entre las sombras agazapado.
Valiente guerrero,
tembloroso se torna a tu lado.

Golpe de timón timorato,
a alta mar pongo proa,
dejo atrás el malecón
y otra nueva derrota.

Mil y una noches el mismo sueño,
el cansado y decadente barco,
que en su bodega atesora con pasión,
la valiente y loca cobardía de su amor.

Ruge cruel la melodía del alba,
vuelvo a naufragar como cada mañana;
me despierto empapado de soledad
y solo me queda abrazar el recuerdo,
que el vacío del sueño, ha dejado en mi alma.

 Mi cuerpo, sudoso y azorado,
busca en la penumbra de mi habitación,
las ruinas que deja en mi vida,
la absurda y cobarde sin razón,
de mi corazón atormentado.

Solo hace un breve momento,
que lucido me mantengo,
y ya añoro las sombras
que albergan mis sueños

Cuan grande será mi mal,
cuan intenso mi miedo,
que confeso y en cautividad,
mi amor por ti sostengo preso,
en esta cobarde espiral.

Se que he de vencer mi temor,
pues, en la derrota sin lucha,
no hay honor ni cabe escusa,
salvo por evitar un mal mayor.

Esta noche, cuando reflote mi barco,
Llevaré el baldío viento de mil derrotas a popa,
 y un séquito de bucaneros y corsarios,
que me impidan girar mi proa.

Te hallare en el espigón, bajo la luz del fanal;
se que  a mi corazón  debo liberar,
porque he de  ganar la batalla en este sueño,
si de tu amor y mi vida quiero ser caballero y dueño.






































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