ESPIRAL
DE COBARDIA
derrotan a mi
consciencia,
ya vencido me
entrego al sueño,
y en el
decrepito barco de mi vida, navego
tras la estela
que me dejo tu ausencia.
Tu recuerdo
traza el rumbo en mi bitácora,
el mástil de
la nostalgia, iza mis velas
henchidas con la esperanza,
de hallar en
este mar de melancolía
la ensenada del amor, que tanto celas.
Surco leguas y
más leguas,
en este infinito duermevela,
que cada noche
acompaña mis sueños;
de nada me
sirve ser el armador y dueño,
pues mi nave a
su antojo gobierna.
Sigo a la
deriva, entre los restos
del naufragio
de la noche anterior,
flotantes y
sonoros ecos,
triste melodía, que a su paso
deja
el tajamar de
mi amor.
Impávido oteo el
horizonte,
de pie, sobre
el palo de proa,
asido
firmemente a la jarcia del foque,
de cara el
frío viento del norte,
Adalid del
aciago lastre
que fustiga mi
memoria.
Allende diviso
una espesa bruma,
pronta ha de
estar la costa,
en el gélido y
tupido velo,
mi nave se
adentra con recelo.
Ya percibo el
romper de las olas,
el alocado
graznar de las gaviotas,
los destellos de las luces de bocana,
ya mi barco
fondea en tu ensenada
En el espigón
del muelle, se recorta tu figura
bajo la
parpadeante luz de un fanal,
tiemblan tus
hermosas curvas,
como la luna
en el espejo del mar.
Pero hasta aquí llega mi
valentía,
corsario de bravas
palabras,
que en vez de abordar tu
alma,
se bate en franca
retirada,
blandiendo amargo sable de cobardía.
entre las sombras
agazapado.
Valiente guerrero,
tembloroso se torna a tu
lado.
Golpe de timón timorato,
a alta mar pongo proa,
dejo atrás el malecón
y otra nueva derrota.
Mil y una noches el mismo
sueño,
el cansado y decadente
barco,
que en su bodega atesora
con pasión,
la valiente y loca
cobardía de su amor.
Ruge cruel la melodía del
alba,
vuelvo a naufragar como
cada mañana;
me despierto empapado de
soledad
y solo me queda abrazar el
recuerdo,
que el vacío del sueño, ha
dejado en mi alma.
Mi cuerpo, sudoso y azorado,
busca en la penumbra de mi
habitación,
las ruinas que deja en mi
vida,
la absurda y cobarde sin
razón,
Solo hace un breve momento,
que lucido me mantengo,
y ya añoro las sombras
que albergan mis sueños
Cuan grande será mi mal,
cuan intenso mi miedo,
que confeso y en
cautividad,
mi amor por ti sostengo preso,
en esta cobarde espiral.
Se que he de vencer mi
temor,
pues, en la derrota sin
lucha,
no hay honor ni cabe escusa,
salvo por evitar un mal
mayor.
Esta noche, cuando reflote
mi barco,
Llevaré el baldío viento
de mil derrotas a popa,
y un séquito de bucaneros y corsarios,
que me impidan girar mi
proa.
Te hallare en el espigón, bajo la luz del fanal;
se que a mi corazón
debo liberar,
porque he de ganar la batalla en este sueño,
si de tu amor y mi vida
quiero ser caballero y dueño.




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