domingo, 30 de noviembre de 2014

HEROES DEL DIA A DIA

Que es la vida, sino una sucesión de batallas,
frente a una guerra de antemano perdida,
que con una indolente sonrisa,
va sembrando nuestro camino  de rosas y espinas

Luces y sombras, hirientes  estigmas
que  el tiempo, con lánguida impaciencia,
en nuestro cuerpo y alma va tatuando su huella

Lanzas y besos, aguijones y caricias,
tropiezos y amor, rabia y manos amigas
armas cálidas y frías del día a día,
con las que nuestro  bravo corazón,
enfundado en su armadura de tenaz guerrero
ha de luchar con garra y tesón
aferrado con fuerza al escudo del valor,
para que los arañazos del cansancio y el temor,
no le hagan desfallecer o cejar en el empeño,
de ganarle una batalla más al impío tiempo.




Para todo-as los que diariamente luchan contra todos los avatares, males y lacras de esta vida, 

dándonos a todos, un ejemplo de entereza, determinación entrega y constancia extraordinario y modélico.


                                                                                   Eduardo J. Eguizabal Torre


domingo, 16 de noviembre de 2014

GRACIAS FITO

GRACIAS FITO

Anoche huimos contigo de nosotros mismos,
Nos ocultamos en el regazo de la ballena,
A salvo de las garras de la cruda realidad,
Anoche con el corazón y el alma desinhibidos,
Nos abrazamos a un sueño tan mágico como real.

Velamos y compartimos el momento,
 dividiendo  el trabajo a la par,
Tú nos regalabas notas y versos,
Nosotros  coreábamos  sin cesar.

Anoche nuestro corazón fue una roca
y  la tristeza perdió su hambre
 Desde tu corazón  a través  de tu boca
La tormenta llego para ser nuestra amante,
Cicatrizando con tu voz nuestras almas rotas.

La verdad que fue agradablemente cansado,
Por eso tú te acostaste a nuestro lado,
Y nuestros sueños y el corazón, a tu costado.


                                                                                               Eduardo J. Eguizábal Torre.

sábado, 15 de noviembre de 2014

MAGOSTA

              MAGOSTA
Ya noto el seco y meloso aroma,
y aun ni siquiera se prendió el fuego,
ya el olor a castaña canta,
por todos los rincones del pueblo.

Ya la magosta danza en Ramales,
melodías de pitu, gaita y tambor,
que a mayores, niños y chavales,
van alegrando alma y corazón,
Los Piteros de la Calle del Hambre,

Preparemos el fuego y el tambor,
demos tajo a las castañas
que hagan su trabajo las ascuas,
y el buen hacer del castañero su labor

Tiznemos la cara con restos de la quema,
y a la suerte llamemos a la puerta,
cantando y saltando la hoguera.

Disfrutemos de los juegos y cuentos tradicionales,
dejemos por un momento penas, rencillas y mal humor,
que nuestro corazón lata como de chavales,
bendita razón de la sin razón, de niños ilusión.

Noviembre, magosta en mi pueblo,
vino, viandas y castañas en el fuego.
Noviembre, magosta en mi pueblo,
penas, rencillas y mal humor, ardan en el fuego.


                                                                      Eduardo J. Eguizábal Torre

lunes, 10 de noviembre de 2014

NOCHE DE INSOMNIO

NOCHE DE INSOMNIO



-I-

Se bate en retirada  Morfeo,
hostigado por el tenaz insomnio,
que la canícula nocturna de agosto,
ha engendrado, requisándome el sueño.

Empapado por el agobiante  orvallo,
 que  incesante emana de mi cuerpo,
abandono  mi sudoso tálamo,
rastreando  un ápice de aire fresco.

Abordo con premura  el balcón,
que con hermosa profusión,
al misterioso callejón se entrega;
ramal sinuoso que nos acerca,
en cada recoveco y rincón,
historias de vidas llenas de pasión.

Instigado por la intermitente danza,
de las tenues sombras de los árboles,
que la nítida luna llena traza,
y, que mitigadas por la cálida luz de los fanales,
tatúan el añejo empedrado de la  calleja;
observo  el baile, y, cabila presurosa mi cabeza,
intuyendo un  hálito de frescura para la pereza,
que en mi alma y cuerpo ahora se refleja.

Busco en el baño con premura el bálsamo,
que mude el sudoso hedor de mi  piel,
desterrando este desalmado  calor infiel,
que la tórrida  noche, de mi cuerpo hizo reclamo.

Bajo  una tibia ducha con relajante prisa,
pues  la cabina acumula estrechez,
alivio el sofocante  humor  que me atañe,
esbozando con indolencia una sutil sonrisa,
mientras  cortésmente, tapizo mi desnudez
con unos ligeros ropajes de calle.

Del cansancio me desato los lazos,
sacudiéndome sueño e insomnio con codicia,
y, con pasos apresuradamente tardos,
cual cojitranco huyendo, sin mirar atrás,
de la angustiosa estancia escapo,
buscando la agradable y bórea caricia,
que de sosiego ha este cuerpo laso.

Ya en la calle, con la razón aun turbada
por el tráfago vertiginoso,
de la breve y febril mudanza,
entre el sofocante sopor calinoso
y el aguacero refrescante de la ducha ansiada,
aduladora falacia que se anudó a mi esperanza,
burlando a mi cuerpo, que indolente y pretencioso,

ve ahora como la canícula vuelve a las andadas.

                                                          Eduardo J. Eguizábal Torre

domingo, 9 de noviembre de 2014

A LA MEMORIA DE ENRIQUE

A LA MEMORIA DE ENRIQUE

Tarde gris, fría y lluviosa esta en la que hoy me encuentro, abandonado de imaginación e iniciativa, por lo que he decidido ponerme ha recuperar las escuetas y pobres líneas que hace unos años decidí escribir tras la triste desaparición de Enrique Galarreta, por todos conocido por Enrique el del Hostal.
Por fin lo encontré y previo permiso de uno de sus hijos he decidido compartirlo con todos vosotros en mi blog.
 
Rey de reyes entre los llares,
buque insignia de nuestra comarca,
de tus sabrosos manjares
el recuerdo se embarga.

Trataste con devoción y mesura
las materias primas que a tus manos llegaban,
y, con imaginación, creatividad y ternura
en admirables latos plasmabas.

Amalgama de hechura, color y sabores,
que del yantar hacia locura,
y, de tal locura solo cabe contar honores.

Fuiste señor en la cocina
Y caballero en la vida.

Fuiste y serás en nuestro recuerdo,
hijo, hermano, padre y marido,
y, para todos los que te hemos conocido,
Por y para siempre, un caballero, un amigo.
 


Gracias Enrique, por habernos dejado disfrutar de tu saber culinario y tu amistad, y, sobre todo nuestro respeto y reconocimiento como cocinero y sobre todo como persona.

                                          
                              Eduardo J. Eguizábal Torre

V.