lunes, 10 de noviembre de 2014

NOCHE DE INSOMNIO

NOCHE DE INSOMNIO



-I-

Se bate en retirada  Morfeo,
hostigado por el tenaz insomnio,
que la canícula nocturna de agosto,
ha engendrado, requisándome el sueño.

Empapado por el agobiante  orvallo,
 que  incesante emana de mi cuerpo,
abandono  mi sudoso tálamo,
rastreando  un ápice de aire fresco.

Abordo con premura  el balcón,
que con hermosa profusión,
al misterioso callejón se entrega;
ramal sinuoso que nos acerca,
en cada recoveco y rincón,
historias de vidas llenas de pasión.

Instigado por la intermitente danza,
de las tenues sombras de los árboles,
que la nítida luna llena traza,
y, que mitigadas por la cálida luz de los fanales,
tatúan el añejo empedrado de la  calleja;
observo  el baile, y, cabila presurosa mi cabeza,
intuyendo un  hálito de frescura para la pereza,
que en mi alma y cuerpo ahora se refleja.

Busco en el baño con premura el bálsamo,
que mude el sudoso hedor de mi  piel,
desterrando este desalmado  calor infiel,
que la tórrida  noche, de mi cuerpo hizo reclamo.

Bajo  una tibia ducha con relajante prisa,
pues  la cabina acumula estrechez,
alivio el sofocante  humor  que me atañe,
esbozando con indolencia una sutil sonrisa,
mientras  cortésmente, tapizo mi desnudez
con unos ligeros ropajes de calle.

Del cansancio me desato los lazos,
sacudiéndome sueño e insomnio con codicia,
y, con pasos apresuradamente tardos,
cual cojitranco huyendo, sin mirar atrás,
de la angustiosa estancia escapo,
buscando la agradable y bórea caricia,
que de sosiego ha este cuerpo laso.

Ya en la calle, con la razón aun turbada
por el tráfago vertiginoso,
de la breve y febril mudanza,
entre el sofocante sopor calinoso
y el aguacero refrescante de la ducha ansiada,
aduladora falacia que se anudó a mi esperanza,
burlando a mi cuerpo, que indolente y pretencioso,

ve ahora como la canícula vuelve a las andadas.

                                                          Eduardo J. Eguizábal Torre

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V.