NOCHE
DE INSOMNIO
-I-
Se bate
en retirada Morfeo,
hostigado
por el tenaz insomnio,
que la canícula
nocturna de agosto,
Empapado por
el agobiante orvallo,
que incesante
emana de mi cuerpo,
abandono mi sudoso tálamo,
rastreando un ápice de aire fresco.
Abordo
con premura el balcón,
que con
hermosa profusión,
al
misterioso callejón se entrega;
ramal
sinuoso que nos acerca,
en cada
recoveco y rincón,
historias
de vidas llenas de pasión.
Instigado
por la intermitente danza,
de las tenues
sombras de los árboles,
que la
nítida luna llena traza,
y, que
mitigadas por la cálida luz de los fanales,
observo el baile, y, cabila presurosa mi cabeza,
intuyendo
un hálito de frescura para la pereza,
que en mi
alma y cuerpo ahora se refleja.
Busco en
el baño con premura el bálsamo,
que mude
el sudoso hedor de mi piel,
desterrando
este desalmado calor infiel,
que la
tórrida noche, de mi cuerpo hizo
reclamo.
Bajo una tibia ducha con relajante prisa,
pues la cabina acumula estrechez,
alivio el
sofocante humor que me atañe,
esbozando
con indolencia una sutil sonrisa,
mientras cortésmente, tapizo mi desnudez
con unos
ligeros ropajes de calle.
Del
cansancio me desato los lazos,
sacudiéndome
sueño e insomnio con codicia,
cual
cojitranco huyendo, sin mirar atrás,
de la
angustiosa estancia escapo,
buscando
la agradable y bórea caricia,
que de
sosiego ha este cuerpo laso.
Ya en la calle,
con la razón aun turbada
por el
tráfago vertiginoso,
de la
breve y febril mudanza,
entre el
sofocante sopor calinoso
y el aguacero
refrescante de la ducha ansiada,
aduladora
falacia que se anudó a mi esperanza,
burlando
a mi cuerpo, que indolente y pretencioso,
ve ahora
como la canícula vuelve a las andadas.
Eduardo J. Eguizábal Torre
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