miércoles, 8 de julio de 2015

REGRESA MI DAMA


REGRESA MI DAMA


Estoy postrado, hace ya algún tiempo, mis piernas están bien, es mi alma la que camina sin pies, en una espiral de soledad, tan absurda , que no deseo, pero debo soltar.

El duende de mis sueños, desterrado en el limbo de las mareas sin retorno, cabalga a lomos de la memoria, y cada noche, asedia el muro del olvido, esperando que la nostalgia, ahogue de sed mi alma.

En una de estas batallas, la soledad baja la guardia, cansada del ruidoso silencio, y las escusas de acero, se hacen humo, el muro se agrieta, primero una lágrima, luego otra y tras ella un arroyo de nostalgia se abre paso...entre la grieta, se desliza un recuerdo, y su luz deslumbra al olvido, y sus caricias derrumban el muro.

El duende rasga los párpados del limbo, con sus espuelas de oro, y al trote, persigue la luz, y descubre el misterio, en un charco de lágrimas de espejo, pupilas del alma, cofre de fuego y hielo, donde a salvo guardaba mi luna de plata, mi luna dorada.

Ahora mi soledad huye, con pies de paja, el izquierdo cojea celoso, el derecho mascullando rabia. Y tu, mi seductora dama, musa de mis deseos, con tu salto de cama y tu negro cabello con estrellas brillantes, te acuestas bajo las sabanas de mi corazón y le haces el amor a mi alma.

Ya camina mi alma con pies de diamantes, y en mis sueños, aulla mi corazón la luz de tu semblante, ya sueño despierto,  
amando a plena luz, tu tibio y plácido recuerdo, envidia del sol, que mira con recelo, nuestro cómplice amor.

Regresan las mareas, y en sus olas de espuma blanca, cabalga el duende de los sueños, a su lado la dama de plata,
Con su capa de seda negra y su escudo de luceros,
cóncava o convexa, crece la esperanza...agua nueva,
mengua la soledad... mi alma se llena.

                                        Eduardo J. Eguizábal Torre
   


                                         

ALMA...DE BUHO


ALMA...DE BÚHO


Es el día espera de plomo,
ausencia  obligada,
que la vida viste de oro,
harapos de luz...distancia
que ciega mis ojos...
mientras sueña mi alma.


Solo…en esta cruel trinchera,
a mis garras les pongo plomo,
escondo mis alas de seda
y le pinto sonrisas a los enojos.

Escolto de olvido tu recuerdo,
pinto de asombro mis ojos,
a las preguntas requiebro,
con mentiras honestas, al orco
de halagos de fuego...

Ya llega el ocaso,
sus caricias...
desvelan mi sueño,
en el eco de mi canto,
ya marchita el día...
las sombras se hacen deseo,
“Selene” ...vida mía.

En mis ojos te bañas...
con tu melena negra,
lencería de oro y plata...
preñada de lentejuelas,
agitas mi alma...
yo soy la marea,
tu mi dama.

Ya despereza al orco el alba
yo me llevo tu reflejo
en un charco de lágrimas
que no resequen tu recuerdo
los celos de sus llamas.

                                 Eduardo  J. Eguizábal Torre

V.