REGRESA MI DAMA
Estoy postrado, hace ya algún tiempo, mis piernas están
bien, es mi alma la que camina sin pies, en una espiral de soledad, tan absurda
, que no deseo, pero debo soltar.
El duende de mis sueños, desterrado en el limbo de las
mareas sin retorno, cabalga a lomos de la memoria, y cada noche, asedia el muro
del olvido, esperando que la nostalgia, ahogue de sed mi alma.
En una de estas batallas, la soledad baja la guardia, cansada
del ruidoso silencio, y las escusas de acero, se hacen humo, el muro se agrieta,
primero una lágrima, luego otra y tras ella un arroyo de nostalgia se abre paso...entre
la grieta, se desliza un recuerdo, y su luz deslumbra al olvido, y sus caricias
derrumban el muro.
El duende rasga los párpados del limbo, con sus espuelas
de oro, y al trote, persigue la luz, y descubre el misterio, en un charco de lágrimas de espejo, pupilas del alma, cofre de fuego y hielo, donde a salvo
guardaba mi luna de plata, mi luna dorada.
Ahora mi soledad huye, con pies de paja, el izquierdo
cojea celoso, el derecho mascullando rabia. Y tu, mi seductora dama, musa de mis
deseos, con tu salto de cama y tu negro cabello con estrellas brillantes, te
acuestas bajo las sabanas de mi corazón y le haces el amor a mi alma.
Ya camina
mi alma con pies de diamantes, y en mis sueños, aulla mi corazón la luz de tu
semblante, ya sueño despierto,
amando
a plena luz, tu tibio y plácido recuerdo, envidia del sol, que mira con recelo,
nuestro cómplice amor.
Regresan
las mareas, y en sus olas de espuma blanca, cabalga el duende de los sueños, a
su lado la dama de plata,
Con su
capa de seda negra y su escudo de luceros,
cóncava
o convexa, crece la esperanza...agua nueva,
mengua
la soledad... mi alma se llena.
Eduardo J. Eguizábal Torre

